¿Cómo eran los jardines de la Granada medieval? (I)

Entre los elementos que, junto a monumentos y calles han dado fama mundial a Granada, están sin duda sus jardines. Estos lugares quedaron ya para siempre asociados a su pasado árabe y puede contemplarse aún mucho de ellos en sus carmenes. El mismo nombre de la vivienda típica granadina es consecuencia de ese pasado hispanomusulmán, pues la palabra “carmen” proviene de la adaptación que los cristianos harán de la palabra “karm” o viña. En estas entradas al blog viajaremos al pasado medieval de la Granada musulmana, conoceremos los testimonios de quienes los contemplaron hace quinientos ¡o incluso mil años!, y sabremos lo que podrás disfrutar aún presente de ellos en los jardines actuales que verás en tu próxima visita a nuestra ciudad a través de Free Tour Community.

Consideraciones preliminares

En primer lugar, debe tenerse presente que lograr la identificación de un jardín nazarí tal y como lo fueron en el s. XV es muy complicado con los procedimientos actuales y la información que nos ha llegado, y así lo señalan expertos estudiosos como José Tito Rojo o Manuel Casares Porcel. La propia materia prima que los conforma, las especies vegetales, poseen una rapidez de descomposición que dificulta en mucho el hallazgo de restos junto a otras causas que más adelante se señalarán. Sí se puede, no obstante, proponer unas disposiciones espaciales, señalar una serie de elementos artificiales y constatar una relación de especies que documentalmente seguro que albergaron.

En estas consideraciones previas debe también señalarse que los jardines, a lo largo de la historia de Al-Andalus, tuvieron concepciones diferentes. El Islam es con frecuencia reacio a ostentaciones de lujo en palacios y jardines que alejen al fiel de las humildes condiciones del islamismo primitivo que el Profeta recomienda. Es más, en ocasiones la admiración por estos sitios puede bordear la blasfemia, al definir el Corán el Paraíso como el Jardín por antonomasia e interpretarse por ello que una loa exagerada al terrenal implica desmerecimiento al prometido. De ahí que no parezca descabellado suponer que en los periodos con mandatarios de especial celo religioso como almorávides y almohades, la elaboración de los jardines se refrene y que, en aquellos con más relajación dogmática, estos se complicaran y multiplicaran, como en el caso granadino de las dinastías zirí y nazarí.

Percepción de los cristianos sobre los jardines árabes de la península

En este aspecto general es muy importante la conclusión que aportan Tito y Casares, quienes afirman que los cristianos nunca tuvieron hacia los vergeles nazaríes sensación de especial singularidad respecto a los de su propia cultura. Al contrario que con las casas y palacios, a los que encuentran pequeños e inadecuados para vivir, de los jardines no se menciona esa inadecuación respecto a sus concepciones. Se les alaba, se les tiene por algo digno de admiración por el dominio y buen gusto de sus jardineros, pero nunca se percibirán como excéntricos, descabellados o “sui generis”. Münzer, viajero alemán que visita Granada en 1494, habla de los jardines árabes que ve sin señalar nunca cualidad de oposición a los cristianos, lo que es especialmente revelador al tratarse de un centroeuropeo y por ello menos proclive a identificaciones entre manifestaciones hispanas.

Esto hace, si cabe, un poco más difícil esa descripción del jardín nazarí que buscamos, pues la continuidad del uso de especies las solapa, siendo complicado dilucidar entre las de una y otra cultura.

El de Ibn Nagrella, el primer jardín granadino

Especialmente valioso resulta para nuestra aproximación el poeta sefardí Selomoh Ibn Gabirol que vivió entre 1021 E.C y 1058 E.C (4781 y 4818 respectivamente en el calendario hebreo). Ibn Gabirol será protegido de Ibn Nagrella, visir y jefe del ejército del legendario rey granadino Badis. Son frecuentes las composiciones poéticas de loa a Nagrella, ya sea de sus virtudes o de sus posesiones y así, en su poema XLIV, describe el jardín de su protector. Pues bien, si recordamos que hasta la fundación del Reino de Granada en 1013, la ciudad es humilde y de poca importancia, consecuentemente por ello los jardines de sus casas -si acaso contaran con ellos- tuvieron necesariamente que ser también insignificantes. Por todo esto resulta evidente que nos encontramos ante la primera y más antigua descripción de un jardín destacado en la ciudad. En este poema, famoso por otras razones ajenas a la que nos ocupa, lo referido a las plantas y otros elementos es lo seleccionado a continuación:

Durmamos a la sombra del granado y la palmera,/ de manzanos y naranjos,/ caminemos a la sombra de las parras,/ (…) se ha allanado una terraza y a su alrededor/ narcisos de Sarón embellecen todos los patios./ (…) y ciervas plantadas junto a los canales,/ huecas para que puedan correr las aguas/ para regar las plantas de los parterres;/ en el césped brotan aguas puras,/ con las que se riega el huerto de mirtos:/ ramas frescas que se van extendiendo,/ cuyo aroma es como el de los perfumes,/ como si estuvieran incensadas con mirras./ Las aves cantan entre la fronda/ y asoman sobre las ramas de las palmeras./ Hay flores frescas y deliciosas,/ como rosas, nardos y alheñas,/ que se pavonean unas más que otras,/ aunque todas ellas nos parecen escogidas…

Conviene realizar ante este documento unas consideraciones previas. En primer lugar, al ser una obra de alabanza y en verso, debemos aceptar cierta poetización de lo descrito. En segundo lugar debe recordarse que este jardín palaciego pertenece a un alto cargo, efectivamente, pero de confesión judía, así que es posible alguna variante respecto a los gustos musulmanes en cuanto a especies y disposición, aunque creemos que de haberlos deben de ser mínimos. Así, por ejemplo, la fruta de la granada, unida ya para siempre al nombre y el recuerdo de nuestra ciudad, posee una bella carga simbólica para la religión judía.

Referencias bibliográficas:

IBN GABIROL, Selomoh: Poema XLIV. Poemas, de M.J. Cano. Universidad de Granada y Universidad Pontificia de Salamanca, Granada, 1987.

MÜNZER, Jerónimo: Viaje por España y Portugal, Polifemo, Madrid, 2002.

TITO ROJO, José y CASARES PORCEL, Manuel: El jardín hispanomusulmán: Los jardines de al- Andalus y su herencia. Universidad de Granada, Granada 2011.

 

Book Now